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Excursión por el Pardo

by en 21/12/2013

Lugar de Inicio: Casa de Campo
Asistentes: Quique, Iván, Berto, Luisan y Santi
Dificultad: Paseíto mañanero
Distancia: 37,91 km
Altitud (max-min): 661 – 591 m
Elevación: 729 m
Velocidad media: 16,18 km/h
Perfil:

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– Chicos, ¡¡¡Vacaciones!!!
– Será para ti…
– Jo, Grú, no seas así. ¿Salimos mañana a dar un pirulo?
– Eh, yo estoy por aquí, saldría con Luisan por Madrid.
– Qué os parece por Casa de Campo?, Quique, da señales de vida ¿vienes?
– Correctísimamente correcto. Voy

Eran las 9 de la mañana del día siguiente, sábado, ni un alma por la Casa de Campo. El coche marca -1ºC.

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Llegamos Quique y un servidor al aparcamiento y vemos a Santi , alias Grú, aterido de frío, mientras Quique, alias Colibrí, sale con su culotte modelo “soy un chicarrón del norte”. Tras informar de que finalmente saldremos por El Pardo, montamos las bicis y salimos con intención de darnos un rulito previo antes de acudir al punto de reunión con Berto y Luisan en el aparcamiento de Somontes. Al poco de comenzar Quique pide una parada de urgencia porque no nota los dedos, y es que hay qué ver, qué frío. El GPS de Santi marca 6º bajo cero. Esto no es normal, ¿a quién se le ocurre quedar tan pronto y en la Casa de Campo?

Tras unos minutos al sol, parece que se ha descongelado la sangre de los dedos de Quique y decidimos acudir prestos a la cita.

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El camino que tomamos es el que va paralelo al Manzanares, por dentro de la Casa de Campo, pasando un primer paso por encima de la Carretera de Castilla y luego otro por encima de la M-30, tomando el Anillo Ciclista. A la llegada a la Calle Arroyofresno, tomamos el puente para ir paralelos a la Carretera del Pardo. Este puente lo cruzamos con sumo cuidado, pues está completamente cubierto de escarcha y en la bajada mantenemos casi la respiración. A nadie se nos escapa que un pequeño resbalón haría que no paráramos hasta la valla. Ya abajo, continuamos por la Vereda Real y llegamos al aparcamiento de Somontes.

¡Jo…lín, qué frío!. Decidimos tomar un café en la cafetería del club Somontes mientras esperamos a los Pérez, aunque sólo sea por recuperar la maltrecha movilidad en las manos. Qué mala suerte, está cerrado y no tiene pinta de abrir, Aquí en Somontes no hay un alma. Vamos a probar suerte al final, en la cafetería del campo de golf.

¡No puede ser! También cerrado. Bueno, por lo menos nos quedaba quedarnos al sol.

Aunque teníamos la certeza de que habíamos salido a montar en bici, nunca se nos pasó por la imaginación a ninguno que acabaríamos jugando al golf, o mejor dicho intentando darle a las bolas (a excepción de Quique, que es un jugador consumado). El cómo empezamos siempre será un misterio, pero desde entonces, siempre metemos en la mochila un palo de golf, por si surge la ocasión.

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A la llegada con estupor de Berto y Luisan, decidimos compartir nuestra reciente y nueva afición con ellos, que se ponen a repartir a diestro y siniestro. No hace falta críticas en cuanto a nuestros particulares estilos, que ya hemos tenido lo nuestro…

Golf en el Pardo

Una vez retomadas las bicis, pasamos a la acción de verdad, con un paseo ligero y una posterior subida desde donde tenemos unas vistas espectaculares. Lo mejor está por venir…y es que Luisan, que dirige el cotarro en El Pardo, nos desciende por un tobogán auténticamente alucinante, donde hasta aprovechamos los peraltes con verdadero gusto, con sus curvas y contra curvas que son una auténtica delicia. Agarrando bien los puños controlando la posición exacta de la rueda para evitar las cárcavas, con los índices siempre en las manetas del freno, y el balanceo del cuerpo… ¡Pura técnica!

Tras este subidón de adrenalina, decidimos ir hacia la presa, por lo que pasado el Real Sitio de El Pardo, tomamos el camino que asciende por el río por su margen derecha. Es un camino estrecho, con encanto, con la humedad y con colores aún otoñales que hacen recrearnos en nuestra suerte. ¡Menuda forma de comenzar nuestras vacaciones de Navidad!

clip_image012Poco antes de la presa, donde antes había un puente (¿por qué habrán quitado ese estupendo puente que permitía hacer una ruta circular a ciclistas y excursionistas con familia?…una verdadera pena). Ahora hay que vadear el río y cómo no, ante tanta cobardía, decido cruzar el río que unos meses antes crucé con mi familia.

Pero esta vez es diferente, el calado ha subido considerablemente y, aunque lo vadeo sin problemas evitando las piedras del lecho, me he empapado los pies y ya no estamos en verano, por lo que decidimos dar vuelta atrás y volver por donde hemos venido.

A la llegada al Pardo, un café se hace indispensable para entrar en calor, así que a la salud de Luisan, que está hecho un toro, nos metemos unas tostaditas de mantequilla con mermelada con café hirviendo, que nos da tregua en un día tan frío.

Poco más tarde nos despedimos de los Pérez y continuamos deshaciendo el camino hasta la Casa de Campo, en donde ya con las bicis metidas en los coches nos tomamos una cervecita para hacer balance del día tan particular que habíamos tenido.

Un abrazo amigos y hasta la próxima.

Iván Rubio

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3 comentarios
  1. Berto permalink

    Que bueno el video Santi !!!!!

    Jooooodooo como está esto de mal, un poco de frío y nos pasamos al golf….no se que haremos si empezamos a pasar calor.

    Presi, gran cronica!!!!

  2. No os podéis imaginar el frío que hacía en la Casa de Campo a las 9 de la mañana. No recuerdo haber pasado tenido tanto dolor de manos nunca, ni siquiera esquiando.

    Quitando ese pequeño contratiempo la ruta fue genial y lo del golf el descojone, incluso cuando le pidieron a nuestro Presi que no gritara tanto, que molestaba al resto de clientes.

    El Pardo impresiona, Iván habla de un tobogán y peraltes pero no cuenta los surcos del tamaño de la bici, los saltos, las raíces y el acojone de que viniera alguien de frente subiendo…
    Y es que los de Cotos no estamos acostumbrados a las aglomeraciones de los Madriles 😉

    Luego intento editar el video de Iván cruzando el río, que no tiene desperdicio

    • irubiopuente permalink

      Bueno Santi, no era para tanto, eso sí, ayer estuve riéndome con toda mi familia viendo el video de golf una y otra vez. ¡Qué risa!

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